febrero 5, 2026
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Especial: Tras el ataque de Estados Unidos, el pueblo organizado preserva la normalidad en Venezuela

CARACAS, 5 feb (Xinhua) — Mientras Caracas amanecía marcada por el impacto del ataque militar estadounidense del pasado 3 de enero, en comunidades y corredores productivos del país comenzaron a activarse una respuesta silenciosa y coordinada de organización popular para preservar el orden y garantizar la vida cotidiana. Hace un mes y un día, en medio de la incertidumbre generada por los bombardeos y la posterior captura del presidente Nicolás Maduro y de su esposa Cilia Flores, productores de alimentos, distribuidores y voces comunitarias optaron por una estrategia común: evitar el caos y sostener el abastecimiento esencial. Desde el estado Barinas, el productor y distribuidor de alimentos Henry Garrido, de 31 años, explicó que el impacto inicial fue de temor, pero no de paralización. «Después del ataque sentí miedo, pero también la responsabilidad de seguir adelante», señaló. Garrido coordina semanalmente el traslado de queso desde fincas rurales de la región llanera venezolana hacia Caracas. Tras el ataque, los recorridos comenzaron a realizarse en caravanas organizadas, con monitoreo permanente, para asegurar la llegada del producto a mercados y bodegas. «El objetivo era claro: que no faltara comida en la mesa del pueblo. Intentaron generar desorden y desabastecimiento, pero respondimos con organización», afirmó. El queso, alimento central de la dieta venezolana, se convirtió en símbolo de estabilidad cotidiana. «Está en el desayuno, el almuerzo y la cena. Mantener su distribución era mantener la normalidad», explicó el productor en reciente entrevista con Xinhua. Desde Caracas, Carlos Álvarez, vocero del colectivo comunitario Guerreros de La Vega, relató que la madrugada del ataque estuvo marcada por explosiones, apagones y alarma aérea. Sin embargo, al amanecer, la prioridad fue contener el pánico. «Lo primero fue transmitir calma, evitar la especulación y coordinar con los productores», indicó. Desde espacios de abastecimiento popular, las comunidades organizan la distribución de alimentos y el control de precios. Según Álvarez, en los días posteriores llegaron a la capital decenas de toneladas de queso provenientes de Barinas, eliminando intermediarios y asegurando precios estables. «La respuesta fue orden, civismo y trabajo colectivo», subrayó. Para Luis Linares, productor independiente, el ataque tuvo un impacto que trascendió lo militar. «No fue solo un bombardeo, afectó alimentos, medicinas y la vida cotidiana», afirmó. Linares sostuvo que la organización comunitaria y productiva se convirtiera en una forma de defensa nacional. «Mientras existe gente dispuesta a trabajar y organizarse, ningún ataque puede doblegar a este país», aseguró. En su opinión, la experiencia acumulada durante años permitió una reacción inmediata, dado que «este es un pueblo que aprendió a organizarse,defender el abastecimiento es también defender la soberanía», añadió. Lejos de escenas de desorden generalizado propios de las horas sucesivas a un ataque militar, los testimonios coinciden en una imagen distinta, con comunidades activas, cadenas productivas en funcionamiento y una respuesta basada en disciplina social y cooperación. «Estamos tranquilos, pero no somos sumisos», resumió Álvarez, agregando que preservar el orden fue la forma de respondedor más inteligente que logró el pueblo organizado venezolano. Para muchos venezolanos, continuar trabajando fue, al mismo tiempo, un acto cotidiano y una acción que reivindica la independencia de la patria.

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